Mi colega Mayvi Cruz resalta este tema, medular en la sociedad actual donde muchos abuelos, bisabuelos e inclusive padres sufren el desafecto familiar, que gran dolor y tristeza ante abuso, maltrato y abandono sufren estos seres maravillosos que un dia llenos de juventud y gozo nos trajeron al mundo, llámese afortunado cuyo núcleo familiar tenga un adulto mayor, Tú no eres Dios para juzgar, tomemos conciencia y demos Amor; porque Amor con Amor se paga.
Detrás de esos cabellos de plata existe una
sonrisa que mantener, un ser humano cuya vida le proporcionó la experiencia y
el privilegio de rodearse de sus seres queridos. Detrás de esas manos
desgastadas, esas líneas expresivas en la piel, y esos ojos húmedos de tanta
nostalgia ante los recuerdos, se halla un adulto mayor ávido de cariño,
comprensión y apoyo.
Pienso que en esta etapa de la vida se
requiere más que nunca del cuidado y la atención por parte de la familia, la
cual debe tener el rol fundamental en mantener la calidad de vida, amén de la
existencia de instituciones de Salud Pública especializadas en el vínculo con
los ancianos.
Cuba es uno de los países latinoamericanos
con mayor envejecimiento poblacional. La magnitud con que se ha transformado la
pirámide del escenario demográfico constituye una preocupación para el futuro.
Requiere, por tanto de acciones cooperativas y solidarias por parte de la
familia para este grupo etáreo que sobrepasa los sesenta años de vida.
Es preciso romper con el estereotipo de que
es el adulto mayor quien estará siempre en la casa cuidando de los niños o
realizando los quehaceres domésticos, cuando tienen tanto derecho al
esparcimiento como cualquier otra persona. Más que geriatras, se necesita
sensibilizar a toda la sociedad, desde la infancia, para concientizar a las nuevas
generaciones sobre la importancia del cuidado y el respeto a los mayores.
El abuso de medicamentos, la ausencia de
ejercicios físicos, la exclusión y los conflictos en el hogar son elementos que
provocan daños severos a la cotidianidad de los adultos mayores. Debería
tenerse en cuenta que no porque hayan vivido más, no poseen el derecho a
disfrutar de sus días con tranquilidad y amor.
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