Escrito
por Claudia Padrón Cueto, estudiante de Periodismo / CubaSí
Hace más de
50 años en Cuba se desterraron los Concursos de Belleza, cuyas raíces
burguesas nada tenían que ver con la sociedad de nuevo tipo que se
construía.
Y paradójicamente cincuenta años después un alto
porcentaje de las búsquedas que hacen los usuarios cubanos en Internet tienen
como palabras claves: Belleza Latina. Desde 2007, Univisión, principal canal de habla
hispana de los Estados Unidos, transmite un reality donde el hedonismo y la
superficialidad centran el espectáculo. Tres jueces someten a las concursantes
a absurdas pruebas: las afortunadas que lleguen a la mansión de la Belleza
deben mostrar sus "talentos" para actuar, caminar en pasarela o
besar un sapo_ así de ridículos pueden ser los retos. Y entonces... qué talento
se está premiando.
Por estos días la cadena transmite la novena temporada
del show y decenas de miles de cubanos buscan la manera de saber a quién
eliminaron o si su favorita sigue en competencia. En un país donde es tan alto
el nivel de instrucción de la población, donde se aboga por el respeto y la
equidad, y es criticada la cosificación de la mujer; semanalmente se vive la
epidemia “Nuestra Belleza Latina”(NBL). Por supuesto, no somos los únicos que siguen el
reality. La propuesta tiene un alto rating en el continente, y es
entendible: todo está planeado, nada es ingenuo ni inocente. Hay un estudio de
audiencias. Este capta el interés de jóvenes que ven en los 200 mil dólares de
premio la oportunidad de mejorar sus vidas y ser contratadas por el canal,
provenientes, en su mayoría, de contextos donde la instrucción, educación e
igualdad de oportunidades son escasas.
NBL posee la factura necesaria para llamar la
atención: una maquinara de emociones desechables y trucos sentimentaloides,
disputas entre las competidoras_ a pesar de que siempre parecen falsas y
arregladas_ escenarios glamorosos donde actúan los artistas latinos más
populares, vestidos y maquillajes de ensueño…Belleza latina es un espectáculo
que se consume porque está hecho para entretener, como mismo entretiene un
circo, con la peculiaridad de que a este lo dirige un bufón pintoresco conocido
como Osmel Sousa. Y prefiero pensar que es por esa desmedida parafernalia,
carente en nuestras producciones nacionales, lo que lo hace atractivo para
nuestro público. Un público inteligente que debe saber discriminar entre
"el brillo" del espectáculo y la horazca que lo conforma. El “Zar de la Belleza”, como se le conoce a
Osmel, está obsesionado con la talla ideal, y somete a las concursantes
a estrictas dietas alimenticias, a constantes pruebas de peso; al punto de que
la que suba apenas un kilo dejará de verse bella para el principal juez del
concurso. ¿Será que prefiere una mujer con trastornos alimenticios, pero que se
mantenga en el peso que él considera “ideal”?
Es habitual que en cada transmisión se ría, ofenda o
desprecie alguna de las participantes. Para no mencionar las audiciones que
realizan por todo el país antes de regresar a Miami, sede del reality. En
estas audiciones cuando alguna muchacha, que no encaja con los cánones
predeterminados, se presenta ante los jueces, las burlas e insultos de Sousa
carecen de límites. Mejor que sea él mismo quien hable: “Yo digo que la
belleza interior no existe. Esos son temas que inventaron las no bonitas para
justificarse”, declaró a The New York Time”. Esas “no bonitas” a las que se refiere Osmel se
sienten en condición de inferioridad con respecto a los modelos de belleza que
se les presentan. No todas las mujeres pueden costear silicona o botox, o
recurrir al bisturí para moldear sus cuerpos hasta llegar a las medidas” 90,
60, 90”.El resultado: los índices de depresión y suicidios aumentan, al
ser estas mujeres subyugadas por tales alegorías de perfección. A estos arranques groseros y burlescos, súmenle que el
supuesto hacedor de Mises es racista y xenófobo. En ningún certamen
donde intervenga como juez se admite que la ganadora sea afrodescendiente. Él
mismo afirmó que “las mujeres negras no son muy bonitas”. De hecho la única que
logró coronarse Miss Venezuela fue Carolina Indriago en 1998 y eso por “tener
rasgos de chica blanca”.
Ver el show no nos hace menos inteligentes, pero lo
que sí es alarmante es que no lo veamos con juicio crítico, que demos como
cierta toda esa falsedad y que caigamos ante esa maquinaria de engaños y
manipulación. Alarmante es que parezcan simpáticos los improperios
que expulsa Osmel, y que no nos preguntemos:¿quién se cree este hombre
para decidir si una persona es “bella” o no?
Algunos podemos no entender o compartir las bases de
estos concursos, pero tampoco creo que la solución sea arremeter contra los
cuerpos simétricos y voluptuosos. No se trata de catalogar todo lo
estéticamente atractivo como banal. Puede ser sustancioso y placentero a la vez. Lo que no debe suceder es que sea una belleza vacía lo
que se premie en estos concursos. Preocupa que coronen como las mujeres latinas
más bella a aquellas que no distinguen en un mapa a América de Europa, o que
aseguran que existen fronteras territoriales entre Rusia y Estados Unidos.
Lamentable, más que ofensivo.
Nuestra
Belleza Latina durante las próximas semanas quiza seguirá siendo una epidemia
que se expande por Cuba de usb en usb, y no hay nada reprochable en eso; claro
está: mientras sea vista con juicio crítico.
Alto nivel educativo hay de sobra en este país para no satanizar ni prohibir estos nuevos productos culturales, pero también para no dejarnos atrapar por paradigmas impuestos desde agendas hegemónicas, que nada tienen que ver con nuestros valores.
Alto nivel educativo hay de sobra en este país para no satanizar ni prohibir estos nuevos productos culturales, pero también para no dejarnos atrapar por paradigmas impuestos desde agendas hegemónicas, que nada tienen que ver con nuestros valores.

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